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HERRAMIENTAS PARA LA SABIDURÍA

 

Para que puedas desarrollar la sabiduría, es recomendable:

Ø Leer periódicos

Ø Leer libros

Ø No aislarse de las personas

Ø Abrir la mente

Ø Conocerse a sí mismo

Ø Aceptar nuestras fallas y tratar de cambiarlas en aciertos.

 

Ø Leer periódicos.

No puedes tomar decisiones atinadas sin entender las circunstancias del mundo. Léelo de principio a fin y no dejes pasar ni un solo día para formarte el hábito de leer periódicos y actualizarte en lo que ocurre a tu alrededor.

Ø Leer libros.

El que leas libros, ampliará tu visión del mundo y te permitirá explorar otras ideas y posturas.

Ø No aislarse de las personas.

Según algunos estudios, las personas que se mantienen en contacto con otras personas, presentan mayores niveles de sabiduría.

La sabiduría, es la capacidad de comprender todos los ángulos de una situación.

A manera de ejercicio, considera que, cuando vayas a una fiesta o reunión, te acerques a alguien que esté solo, trata de entablar conversación y hazle preguntas de su vida (a las personas les gusta hablar de su vida).

Ø Abrir la mente.

Esto implica sentir empatía y darse cuenta de que todos tenemos una historia que influye en nuestro comportamiento. Toma en cuenta los temas que te alteran del mundo que te rodea y date tiempo para analizar la otra cara de la moneda.

Ø Conocerse a sí mismo.

Te ayudará el hecho de escribir tres de tus logros, que consideres que han sido los más importantes en tu vida, asimismo, escribe tres fracasos que te hayan afectado y marcado en tu vida. Ahora, busca patrones entre los éxitos y los fracasos. El objetivo de este ejercicio, es analizar cada experiencia y utilizarla para incrementar tu autoconocimiento.

Ø Aceptar nuestras fallas y tratar de cambiarlas en aciertos.

Una persona sabia, es consciente de que no tiene todas las respuestas y de que la vida puede cambiar sin previo aviso. Reconoce tus errores, eso te hará más sabio al momento de admitir que te equivocaste y este hecho te fortalecerá.

Como dijo el filósofo romano Cicerón, “cualquiera se puede equivocar, pero sólo un tonto insiste en su error”.

 

 

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